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Por: Jairo Arias Barragan
Desde hace quince años,
cuando leí por primera vez el libro "La Caravana de Venecia"
-que narra magistralmente el viaje de Marco Polo a China, hasta lo
que hoy es Beijing, en las tierras del Gran Kublai- y varios años
antes cuando con emoción también leí el libro
"Gengis Khan, emperador de todos los hombres", sentí que
alguna razón encontraría para ir hasta esas tierras tan
distantes.
Y fue bajo el liderazgo
de Marcos Jara, director del Centro de Investigaciones Textiles de
Colombia, CIDETEXCO, y con el auspicio de Colciencias y la Cámara
de Comercio de Bogotá, como se hizo posible la realización
de una Misión Tecnológica en Textiles y Confecciones a
China, con 17 empresarios colombianos. El itinerario incluyó
recorridos aéreos y terrestres de más de 4.000
kilómetros por las ciudades de Hong Kong, Shenzhen, Ji Nan,
Qingdao, Shanghai y Guangzhou, considerados ejes urbanos que hacen
una importante contribución al desarrollo económico de
China.
La visión que
circula de China en libros e informes de fácil acceso es que
este país es la sexta economía más grande del
mundo, es el que ha consolidado la economía de más
rápido desarrollo en los últimos veinte años, es
el que superará a todos los países en exportaciones en
esta década, es el que tendrá un crecimiento en el
presente año de un 9% y es el país que se convertirá
en el año 2025 en la economía más grande del
mundo.
En el sector de textiles
y confecciones su infraestructura la soportan alrededor de 160.000
compañías que dan trabajo a más de 13 millones
de trabajadores. En esta área se entrelaza una compleja red de
Universidades, centros de investigación, centros de recursos
textiles, laboratorios para el desarrollo de software, asociaciones y
federaciones de empresarios, centros de logística y organismos
especializados en comercio exterior y en mercadeo internacional.
La idea que yo tenía
de china era que esta nación solamente hacía productos
de mala calidad, pura "tripa", como llamamos en el sector de
confecciones a la ropa que apenas aguanta una lavada. Claro, siguen
haciendo esas prendas que duran un suspiro, y que uno encuentra en
todos los San Andresitos de las ciudades colombianas y en la red de
"Dolarazos" donde se consiguen remates de pantalones, camisas,
camisetas y calzones, que abastecen a su vez los mercados populares
de los países latinoamericanos. Es más, al comienzo de
la Misión un compañero del grupo se aventuró a
decir con cierta ironía que el desarrollo de la confección
en China estaba lejos de la tendencia que marcan cada año
centros de moda e investigación como Milán o Paris.

En la Universidad
Politécnica de Hong Kong y en el Instituto de Textiles y
Confecciones de la misma universidad, por ejemplo, trabajan no solo
en la formación de recursos humanos para la industria, sino
que tienen un Centro de Investigación en ropa interior. La
eficiencia en el manejo del capital social está medido en el
impacto que genera la educación en el sector, ya que de los
estudiantes que terminan su ciclo universitario el 94% de ellos
consigue empleo y un 5% continúa estudios superiores.
Allá conocí
algo que puede ser una novedad mundial en poco tiempo, un maniquí
que suda, con el que se puede medir el impacto del sudor en una
prenda. En un centro de excelencia, realizan el diseño de
prendas personalizadas en tercera dimensión. La empresa JC
Penney de Estados Unidos está haciendo las pruebas para
utilizar este software.
En un laboratorio de
nanotecnología, hacen desarrollos de materiales anti UV,
antibacteriales, otros que facilitan la conductividad eléctrica
y realizan pruebas en fotónica para lograr efectos luminosos
en los textiles. Hay también avances en telas elaboradas en
fibra óptica que van cambiando de color para ser usadas por
bailarines. En el Shanghai Textile Research Institute, donde se creó
la primera fibra sintética de China, realizan investigaciones
con telas resistentes a altas temperaturas e innovaciones como la
creación de la fibra de bambú.
A estas alturas ya nadie
estaba pensando que China tiene invadido el mundo solo de ropa
desechable. Los chinos saben para dónde van hace mucho rato.
En uno de los salones de clase había un grupo de estudiantes
"deshuesando" a Giorgio Armani, en un video sobre lo que fue la
última feria de la moda de Shenzhen, vi diseño y
tendencia ajustados a parámetros globales. Estoy seguro que en
pocos años China jugará un papel predominante en la
moda del mundo.
Ciudad de Materiales
En un área de un
millón y medio de metros cuadrados construyeron esta ciudad a
15 kilómetros del puerto de Shenzhen y a 15 minutos de un
aeropuerto internacional. Al paso de los pequeños carros en
los que nos mostraron la ciudad vi los policías con vestido de
gala. Le dieron a la delegación de empresarios tratamiento
diplomático. Alguien a la entrada dijo, muchachos bienvenidos
a Disney.
Ahí me sorprendió
la concentración de insumos, productos y materiales más
grande del mundo. Cualquier comerciante podría llegar a uno
de los hoteles localizados dentro de la ciudad, escoger sus
productos, pelear el mejor precio y montar la orden de compra. Así
de sencillo. Si quiere darse un paseo por esta ciudad vaya a
www.chinasouthcity.com.
De esta ciudad en
adelante el grupo hizo un recorrido por empresas y otras
instituciones dedicadas a la producción a gran escala y a la
investigación. En Ji Nan, después de un vuelo de 2:40
horas, hicimos una visita a Shandong Weiqiao Pioneering Group Co.,
que genera empleo a 150 mil personas. Allá se ubica la fábrica
de textiles más grande del mundo, que consume un millón
de toneladas de algodón al año, es decir, el 5% de la
producción mundial.
El mito de la comida
Tenía demasiadas
reservas sobre la comida China. Había escuchado que rata a la
plancha, perro en salsa, sesos de mico, cucaracha frita, "mojojoy"
al vapor, sopa de ojos de ratón y otra infinidad de platos que
difícilmente comería, más esa serie de programas
estereotipados de Discovery Chanel, me habían hecho pensar que
la comida china era una porquería. Incluso antes de viajar mi
esposa me dijo que nunca la fuera a invitar a ese país porque
moriría de hambre.
Nada más
equivocado. La comida, es una de las más espectaculares del
mundo. En un almuerzo, sentados en una mesa redonda, sirvieron el té
que es la bebida que acompaña todos los momentos. De ahí
en adelante, di rienda suelta al buen gusto: langostinos a la
plancha, langosta a la plancha, ostras con cebollitas, langosta en
salsa, calamares en salsa de soya, pescado acompañado con
apio, cebolla y jengibre, pequeñas porciones de pollo asado,
calamares apanados, cerdo en salsa hawaiana, ensalada con lechugas,
arroz con huevo, vegetales y camarones, vino tinto o blanco, cerveza
y más té. Debo decir que dos compañeros de
viaje no pudieron comer ese día, el olor de los frutos del mar
les impidió degustar esta comida. Al final, preocupado el
oferente, pidió que les sirvieran un plato de arroz blanco.
En otra cena, más exquisita que esta, empecé a tomarme
un caldo delicioso, no supe de qué era, sólo al final
me di cuenta que en el fondo de la taza había una especie de
gusano. La verdad, no lo partí. Lo dejé quieto. No tomé
más caldo.
El costo del desarrollo
No tenía la noción
clara de lo que es un país en construcción. Autopistas
entregadas por el Estado en concesión a privados, ciudades que
antes no existían, emergieron de pronto en el horizonte. Todo
en China es de dimensiones descomunales. Shanghai, con 24 millones de
personas y con avenidas de tres niveles. Al paso de este crecimiento,
mueren las aldeas, es como si hubiera llegado la hora de escribir
otra historia, a un lado de la autopista el campesino se aferra a su
surco de hortalizas, al otro lado los pájaros mecánicos
levantan el concreto para miles y miles de viviendas urbanas como
jamás hubiera visto en lugar alguno.
La imponencia de
rascacielos que parecen construidos para habitantes de otro planeta.
En resumen, una infraestructura que pronto adelantará al
mundo.
Hay, eso sí, un
contraste con este desarrollo. Es la pobreza manifiesta de millones
de familias, hacinadas en edificios que parecen colmenas y
compartiendo viviendas de 30 metros cuadrados, colgando la ropa en
ganchos que cambian el paisaje urbano y fábricas donde los
trabajadores ganan $US80 por mes y donde la gente no tiene derecho a
hablar durante el turno de trabajo.
La feria de Cantón
Tres días
estuvimos en Guangzhou, en la feria más grande del mundo. Un
área de 560 mil metros cuadrados y más de 150 mil
artículos exhibidos, recibió este año
delegaciones de 210 países.
En esa ciudad también
están construyendo el aeropuerto más grande del mundo,
con una inversión superior a $US6.000, mientras la
remodelación del aeropuerto Eldorado de Bogotá costará
$US800 millones.
Al final de la feria
regresamos por tierra a Hong Kong. Esa noche dormí en un hotel
cerca del mar. Me desperté temprano asombrado con otra obra
gigantesca: el puerto de carga, que ese día movilizaría
en 24 horas, 25.500 contenedores a diversos destinos del planeta.
Era el día 21 de
octubre del año 2006 a las 6:00 am. Después de 16 días
de travesía, me esperaba un vuelo de más de 10 mil
millas hasta Bogotá. El sueño estaba cumplido. | |