VIAJE AL CORAZON COMERCIAL DE CHINA


IBAGUE, NOVIEMBRE de 2006
 

 


 

Jairo Arias
Por: Jairo Arias Barragan

Desde hace quince años, cuando leí por primera vez el libro "La Caravana de Venecia" -que narra magistralmente el viaje de Marco Polo a China, hasta lo que hoy es Beijing, en las tierras del Gran Kublai- y varios años antes cuando con emoción también leí el libro "Gengis Khan, emperador de todos los hombres", sentí que alguna razón encontraría para ir hasta esas tierras tan distantes.

Y fue bajo el liderazgo de Marcos Jara, director del Centro de Investigaciones Textiles de Colombia, CIDETEXCO, y con el auspicio de Colciencias y la Cámara de Comercio de Bogotá, como se hizo posible la realización de una Misión Tecnológica en Textiles y Confecciones a China, con 17 empresarios colombianos. El itinerario incluyó recorridos aéreos y terrestres de más de 4.000 kilómetros por las ciudades de Hong Kong, Shenzhen, Ji Nan, Qingdao, Shanghai y Guangzhou, considerados ejes urbanos que hacen una importante contribución al desarrollo económico de China.

La visión que circula de China en libros e informes de fácil acceso es que este país es la sexta economía más grande del mundo, es el que ha consolidado la economía de más rápido desarrollo en los últimos veinte años, es el que superará a todos los países en exportaciones en esta década, es el que tendrá un crecimiento en el presente año de un 9% y es el país que se convertirá en el año 2025 en la economía más grande del mundo.

En el sector de textiles y confecciones su infraestructura la soportan alrededor de 160.000 compañías que dan trabajo a más de 13 millones de trabajadores. En esta área se entrelaza una compleja red de Universidades, centros de investigación, centros de recursos textiles, laboratorios para el desarrollo de software, asociaciones y federaciones de empresarios, centros de logística y organismos especializados en comercio exterior y en mercadeo internacional.

La idea que yo tenía de china era que esta nación solamente hacía productos de mala calidad, pura "tripa", como llamamos en el sector de confecciones a la ropa que apenas aguanta una lavada. Claro, siguen haciendo esas prendas que duran un suspiro, y que uno encuentra en todos los San Andresitos de las ciudades colombianas y en la red de "Dolarazos" donde se consiguen remates de pantalones, camisas, camisetas y calzones, que abastecen a su vez los mercados populares de los países latinoamericanos. Es más, al comienzo de la Misión un compañero del grupo se aventuró a decir con cierta ironía que el desarrollo de la confección en China estaba lejos de la tendencia que marcan cada año centros de moda e investigación como Milán o Paris.

Grupo de la misión en la entrada de las oficinas de Weiquiao Pionnering Group.

En la Universidad Politécnica de Hong Kong y en el Instituto de Textiles y Confecciones de la misma universidad, por ejemplo, trabajan no solo en la formación de recursos humanos para la industria, sino que tienen un Centro de Investigación en ropa interior. La eficiencia en el manejo del capital social está medido en el impacto que genera la educación en el sector, ya que de los estudiantes que terminan su ciclo universitario el 94% de ellos consigue empleo y un 5% continúa estudios superiores.

Allá conocí algo que puede ser una novedad mundial en poco tiempo, un maniquí que suda, con el que se puede medir el impacto del sudor en una prenda. En un centro de excelencia, realizan el diseño de prendas personalizadas en tercera dimensión. La empresa JC Penney de Estados Unidos está haciendo las pruebas para utilizar este software.

En un laboratorio de nanotecnología, hacen desarrollos de materiales anti UV, antibacteriales, otros que facilitan la conductividad eléctrica y realizan pruebas en fotónica para lograr efectos luminosos en los textiles. Hay también avances en telas elaboradas en fibra óptica que van cambiando de color para ser usadas por bailarines. En el Shanghai Textile Research Institute, donde se creó la primera fibra sintética de China, realizan investigaciones con telas resistentes a altas temperaturas e innovaciones como la creación de la fibra de bambú.

A estas alturas ya nadie estaba pensando que China tiene invadido el mundo solo de ropa desechable. Los chinos saben para dónde van hace mucho rato. En uno de los salones de clase había un grupo de estudiantes "deshuesando" a Giorgio Armani, en un video sobre lo que fue la última feria de la moda de Shenzhen, vi diseño y tendencia ajustados a parámetros globales. Estoy seguro que en pocos años China jugará un papel predominante en la moda del mundo.

Ciudad de Materiales

En un área de un millón y medio de metros cuadrados construyeron esta ciudad a 15 kilómetros del puerto de Shenzhen y a 15 minutos de un aeropuerto internacional. Al paso de los pequeños carros en los que nos mostraron la ciudad vi los policías con vestido de gala. Le dieron a la delegación de empresarios tratamiento diplomático. Alguien a la entrada dijo, muchachos bienvenidos a Disney.

Ahí me sorprendió la concentración de insumos, productos y materiales más grande del mundo. Cualquier comerciante podría llegar a uno de los hoteles localizados dentro de la ciudad, escoger sus productos, pelear el mejor precio y montar la orden de compra. Así de sencillo. Si quiere darse un paseo por esta ciudad vaya a www.chinasouthcity.com.

De esta ciudad en adelante el grupo hizo un recorrido por empresas y otras instituciones dedicadas a la producción a gran escala y a la investigación. En Ji Nan, después de un vuelo de 2:40 horas, hicimos una visita a Shandong Weiqiao Pioneering Group Co., que genera empleo a 150 mil personas. Allá se ubica la fábrica de textiles más grande del mundo, que consume un millón de toneladas de algodón al año, es decir, el 5% de la producción mundial.

El mito de la comida

Tenía demasiadas reservas sobre la comida China. Había escuchado que rata a la plancha, perro en salsa, sesos de mico, cucaracha frita, "mojojoy" al vapor, sopa de ojos de ratón y otra infinidad de platos que difícilmente comería, más esa serie de programas estereotipados de Discovery Chanel, me habían hecho pensar que la comida china era una porquería. Incluso antes de viajar mi esposa me dijo que nunca la fuera a invitar a ese país porque moriría de hambre.

Nada más equivocado. La comida, es una de las más espectaculares del mundo. En un almuerzo, sentados en una mesa redonda, sirvieron el té que es la bebida que acompaña todos los momentos. De ahí en adelante, di rienda suelta al buen gusto: langostinos a la plancha, langosta a la plancha, ostras con cebollitas, langosta en salsa, calamares en salsa de soya, pescado acompañado con apio, cebolla y jengibre, pequeñas porciones de pollo asado, calamares apanados, cerdo en salsa hawaiana, ensalada con lechugas, arroz con huevo, vegetales y camarones, vino tinto o blanco, cerveza y más té. Debo decir que dos compañeros de viaje no pudieron comer ese día, el olor de los frutos del mar les impidió degustar esta comida. Al final, preocupado el oferente, pidió que les sirvieran un plato de arroz blanco. En otra cena, más exquisita que esta, empecé a tomarme un caldo delicioso, no supe de qué era, sólo al final me di cuenta que en el fondo de la taza había una especie de gusano. La verdad, no lo partí. Lo dejé quieto. No tomé más caldo.

El costo del desarrollo

No tenía la noción clara de lo que es un país en construcción. Autopistas entregadas por el Estado en concesión a privados, ciudades que antes no existían, emergieron de pronto en el horizonte. Todo en China es de dimensiones descomunales. Shanghai, con 24 millones de personas y con avenidas de tres niveles. Al paso de este crecimiento, mueren las aldeas, es como si hubiera llegado la hora de escribir otra historia, a un lado de la autopista el campesino se aferra a su surco de hortalizas, al otro lado los pájaros mecánicos levantan el concreto para miles y miles de viviendas urbanas como jamás hubiera visto en lugar alguno.

La imponencia de rascacielos que parecen construidos para habitantes de otro planeta. En resumen, una infraestructura que pronto adelantará al mundo.

Hay, eso sí, un contraste con este desarrollo. Es la pobreza manifiesta de millones de familias, hacinadas en edificios que parecen colmenas y compartiendo viviendas de 30 metros cuadrados, colgando la ropa en ganchos que cambian el paisaje urbano y fábricas donde los trabajadores ganan $US80 por mes y donde la gente no tiene derecho a hablar durante el turno de trabajo.

La feria de Cantón

Tres días estuvimos en Guangzhou, en la feria más grande del mundo. Un área de 560 mil metros cuadrados y más de 150 mil artículos exhibidos, recibió este año delegaciones de 210 países.

En esa ciudad también están construyendo el aeropuerto más grande del mundo, con una inversión superior a $US6.000, mientras la remodelación del aeropuerto Eldorado de Bogotá costará $US800 millones.

Al final de la feria regresamos por tierra a Hong Kong. Esa noche dormí en un hotel cerca del mar. Me desperté temprano asombrado con otra obra gigantesca: el puerto de carga, que ese día movilizaría en 24 horas, 25.500 contenedores a diversos destinos del planeta.

Era el día 21 de octubre del año 2006 a las 6:00 am. Después de 16 días de travesía, me esperaba un vuelo de más de 10 mil millas hasta Bogotá. El sueño estaba cumplido.